"Cada ciudadano/a es un político y hace política en su vida cotidiana. Pero además, no todos los políticos son iguales (...) juzguémolos por sus actos.
Últimamente, en las
conversaciones que mantenemos
con la familia, con los amigos, con los vecinos o las que se dan en la calle no es extraño escuchar una frase que parece servirnos para definir la realidad actual:
“Todos los políticos son iguales”. Lo decimos y parece que con eso, por un lado reflejamos nuestro
hartazgo por una
democracia imperfecta. Por otro, nos sirve para explicar los frecuentes
casos de corrupción que se difunden en los medios de comunicación convencionales.
Sin embargo, esta frase esconde en realidad
una falacia. Las palabras no son neutras, le damos un determinado
significado y el lenguaje nos sirve tanto para
comunicar como para
construir nuestra imagen del mundo y algo que llamamos
“sentido común”. Cuando decimos
“Todos los políticos son iguales”, en realidad intentamos decir
“no hay alternativas a esto. ¿Para qué nos vamos a esforzar?” o
“la culpa la tienen los políticos”. ¿Por qué?
Primero, porque
desde hace décadas se viene insistiendo a la ciudadanía española que la política no es todos los asuntos que nos afectan, sino
el juego político. Es decir, se reduce el concepto de la política a cómo se gestionan los
asuntos públicos en las instituciones. Segundo, porque también se nos ha tratado de convencer que
la “política” la hacen sólo los partidos políticos y los representantes políticos, que para eso les votamos.
Pero,
¿qué ocurre cuando esos políticos a los que votamos no solucionan nuestros problemas? ¿O no cumplen con su trabajo dignamente, incurriendo en
malas prácticas y cometiendo
delitos como
prevaricación, tráfico de influencias,...? Entonces, los consideramos
el chivo expiatorio (elemento sobre el que descargar parte de nuestras propias culpas). Como no podemos ocuparnos de los asuntos públicos, viene bien identificar a los
supuestos únicos responsables de la situación actual.
No es del todo cierto. Como hemos dicho antes,
la política es algo más que gestionar los asuntos públicos desde las instituciones.
Política es elegir qué
educación queremos
para nuestros hijos/as, escoger consumir
productos locales o bien consumir
productos importados. Política es elegir qué te convence más: una
gestión privada, pública o mixta de determinados servicios prestados a la ciudadanía. Política es elegir
cambiar las cosas o resistirse a un cambio de sistema, es elegir
ir a una manifestación o quedarse en casa.
Desde determinadas instancias (medios de comunicación oficiales, educación,...)
se nos ha tratado de enseñar que son los políticos los que pueden cambiar las cosas y
los únicos autorizados para ello. Pero esto equivale a decirle a algunos políticos
“si te damos una mayoría absoluta, es un cheque en blanco. Haz lo que quieras”. Con esto no pretendo desprestigiar
la vía del voto. Lo que trato de explicar es que
no basta con votar. La ciudadanía es
"corresponsable" junto con sus políticos de la marcha
de la democracia.
Por supuesto que
las instituciones son las que en última instancia
adoptan decisiones. Pero
la ciudadanía puede influir en los
cambios o en las
permanencias de las medidas.
Una protesta, una carta a los medios de comunicación...
puede determinar, dependiendo del equilibrio de fuerzas y de los argumentos, una rectificación o
la continuidad en las agendas políticas. Históricamente,
la sociedad civil española (asociaciones vecinales, movimientos de jóvenes investigadores, movimiento antidesahucios, pacifistas, ecologistas, sindicatos, colectivos profesionales...) se ha movilizado y
ha conseguido pequeños avances. Los derechos son
conquistas sociales y, como su nombre indican, han necesitado ser
“peleados” en la calle, no sólo en los parlamentos.
Por eso me río cuando hay dirigentes que hablan de si
los movimientos sociales deberían
presentarse a las elecciones para medirse con ellos. No se dan cuenta que algunos
no tienen interés en ello, pues su legitimidad viene de actuar de
contrapeso al poder y proponer alternativas. Si los políticos en las instituciones no experimentan la
presión popular, pueden desarrollar políticas que no necesariamente vayan
en beneficio de la mayoría.
Llegados a este punto, se diría que me he desviado. ¿Y esto, qué tiene que ver con los políticos (de los partidos)? Pues que
cada ciudadano/a es un político y hace política en su vida cotidiana. Pero además,
no todos los políticos son iguales. Hay
concejales y alcaldes que tratan de hacer cosas por sus convecinos, tomándoselo en serio y a riesgo de
quebrarse la cabeza día a día. En ocasiones,
sin cobrar. No les metamos en el mismo saco que las cúpulas de sus partidos y
juzguémolos por sus actos.
Pero,
si no se ha quedado satisfecho con mis argumentos, si a pesar de ellos sigue pensando que todos los políticos son iguales,
léase los estatutos de los dos mayoritarios y compárelos con los otros partidos minoritarios. Fíjese, sobre todo, si existen mecanismos de elección de candidatos, de revocación de los mismos, de exclusión de las listas por razones de corrupción o conducta inapropiada. Entonces,
plantéese si lo de “todos los políticos son iguales”, es cierto.
Y por favor, si incluso así, continúa diciéndolo,
haga algo. No basta con expresar la indignación verbalmente. Es decir,
no sirve de nada quejarse si no actuamos, dentro de nuestras posibilidades, para cambiar lo que no nos gusta.
Un futuro diferente empieza por
dos vías:
1 -
Participar en las movilizaciones sociales e iniciativas contra la crisis.
2 - Aprovechar su derecho a voto y no apoyar siempre a los mismos.
Cambie y experimente el miedo de los mayoritarios cuando toma la iniciativa de no votarles a ellos ni abstenerse.
Así pues,
¿sólo nos queda cambiar de país? ¿O intentaremos cambiar el país?
“Si asumes que no hay esperanza, garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto hacia la libertad, que hay oportunidad para cambiar las cosas, entonces hay una opción de que puedas contribuir a hacer un mundo mejor. Esta es tu alternativa”
- Noam Chomsky -
Javier Contreras Becerra
Historiador e Investigador Predoctoral FPU.
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